Tenia en sus ojos cafés la misma expresión que el tiempo de ayer,
tenia en sus pupilas palpitando a flor de piel una lagrima que nunca vio caer.
Y los días pasaban como si fueran suspiros,
y las horas dejaron de ser eternas hace mucho.
Y veinte años fueron absolutamente nada,
y al fin de cuentas su mirada era solo una mirada.
Tenia en su alma un dolor añejo que nunca la dejaba en soledad,
tenia su fe un Cristo crucificado que en vez de clavos sufría candados.
Y sus hombros tenían un cansancio fúnebre,
y su espalda tenia el peso de todo el mundo.
Y ella quería ser él lunes, martes y feriados,
y sin pensarlo paseaba por la senda del pecado.
Tenia un pasado que la atormentaba día a día en su constante presente,
tenia algo que poca gente tenia, esa hermosa alegría, esa ganas de estar viva...
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