De todos los cristales,
de todas las piedras de los mares,
los cementerios de botellas vacías
y los corazones de cerveza fría.
Nacen las palabras de dos poetas,
de dos personas totalmente muertas
por amores, por odio, por rencores.
Intentando naufragar con dragones,
buscar muñecas que regalen emociones
y quizás, porque no, que besen con pasión.
En la esencia de un adiós, se extrañan,
por igual sus naciones: Argentina y España,
y entre un verso que decía, que sin ti
moriría una mujer llamada Cecilia.
Esperando fue que lo escuche,
al flaco Páez cantar por primera vez.
Enfoscado fue que lo encontré,
a Joaquín escribiendo al revés.
Nunca imagine escucharlos juntos, ya vez.
Enemigos íntimos fueron y serán,
aunque compartan el deliriums tremens del diván.
Cálculos, normas y fiestas de carnaval,
la vida es así, apenas llega ya se va.
Los placeres hay que dárselos en la realidad
del día a día, no hay inmortalidad.
Ellos dos lo saben muy bien, uno por morir,
el otro por que la muerte lo hizo sufrir,
pero al fin y al cabo solo se trata de vivir.
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